domingo, 22 de mayo de 2016

VIAJE PRIMERO
Cuento corto mayo/ 22 /2016

La carne trémula, caía al piso, licuada, sanguinolenta, respondía al ácido vertido en su rostro, minutos antes durante el fatal encuentro con el mastín mutante, que expelía de su interior, cantidades del mortal líquido verdoso.

Ya no dolía, los nervios de su ojo derecho estaban secos, no existían, como tampoco existía un ojo. Su mano, ausente de movimientos, intentaba vanamente palpar lo que en otro tiempo fué su cara. Cojeando con dificultad logró llegar a puerta metálica junto al corredor recorrido con pavor a ser cazado nuevamente, por alguno de los mastines que vigilaban esa zona.

El pantalón destrozado, cubría sus pantorrillas laceradas y amoratadas, alcanzó la silla de control. Dejandose caer pesadamente en el solitario asiento reclinable. Su garganta seca dolía, tragaba con dificultad los coágulos que emergían, atorandole, casi ahogandole.
La pantalla holográfica no encendía, estaba muerta, tan muerta como el resto de la tripulación de 12 reclutas a su cargo.

Expelída al fin. Su nave cruzaba el espacio existente entre el y la extraña luz al final del largo tunel, otras naves le seguían muy de cerca. Era momento de soltar la parte trasera de la nave, así lo indicaba el protocolo, la fusión era inminente.

La luz ahora era de tono rojizo, entraba por las puertas de la nave, le diluía, alcanzaba sus pies, su torzo y por último su espiritu. Su misión había sido esa desde un principio, lo intuía.
La fusión con el huevo en el útero de ese universo, su programación así lo señalaba, debía mutar y convertirse en embrión.

Poco a poco recuperaba su conciencia, era extraño, como si su cerebro tuviese dos pensamientos, no entendía, no existía un yo sino un nosotros.

Una batalla de meses consiguió alinear esas dos mentes, unirlas físicamente, dejando a una a cargo de la otra, quedando subyugada, sometida, hundida en si misma.

Tenía nuevamente extremidades, pero no existía nave, ni puertas. Un líquido semitransparente, no podía describirlo, le envolvía, sentía que respiraba y se alimentaba de él. 

Un tiempo eterno, no existía velocidad como antes, todo era lento, casi inmóvil, esperaba, esperaba y esperaba.
Cuando el lugar se había vuelto estrecho, sintió un tirón y otro mas fuerte, una contracción sobre su nuevo cuerpo. El silencio, el frío, estaba fuera del líquido que lo cobijaba.

Y esa luz que enceguecía.

Comenzaba a olvidar, ya no recordaba su origen, quien era, las palabras, los números, los recuerdos se esfumaban. Sintió una palmada y lanzó un grito. No sabía ya de frases, pensamientos o palabras, no recordaba nada, las imágenes se diluían en su nuevo cerebro.
Reconoció el latir que tantas veces había oído durante tan largos meses, la piel era desconocida, pero a la vez muy familiar.

Había aromas nuevos y se durmió, tranquilo, fatigado, sereno, junto a aquel cuello, tapado con una cobija que decía "hijo mío , te queremos."

Fin

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