Reptando por las paredes
mis ansias carnales
perseguían las sombras de sus recuerdos.
Dedos fríos, no sinceros,
bocas abiertas,
abismos sin tiempo.
Escribanías nacaradas,
lágrimas de pesadas lámparas,
alumbrando pasados no recordados
anudaban destinos
entre cordeles y breteles
de finos razos negros.
La madera seca
chasqueaba entre el carbón rojo de pudor.
El calor abrazaba los cuerpos,
torzos desnudos, sudorosos, ardientes,
en agitada lucha de posesión,
lo tuyo , lo mio, lo nuestro.
Un solo aliento agónico,
era el faro luminoso,
del que ambos náufragos,
pretendían llegar.
Falanges entrelazadas,
conversaban en lenguas muertas,
olvidadas, en sinfonías disonantes
de 20 años de alejamiento.
El ropero vigilaba de cerca,
lo que el viejo camastro cantaba,
ritmo olvidado, pero aun entero.
Se oía al final un "te quiero".
Me ha encantado tu blog.
ResponderEliminarSigue escribiendo.